jueves, 4 de febrero de 2010

El dolor es un faro, una sonda

Fuimos un rostro profético

y cerrojos abrumados por la sequía.

Nunca hubo ojos

proclives a la hermandad.

El tiempo es un bálsamo decidido

(como tus palabras).

Me esconderé tras ese espejo

ayuno de colores.

miércoles, 13 de enero de 2010

Primer centenario del padre Chacín


Acto de fin de curso. Al fondo, de izq. a der., el prof. Zerpa, monseñor Chacín y el prof. Matute. En primer plano, el suscrito (8 años), Ana Arbeláez de Soto y Nicolás Soto Martínez.



Carpetas de arena


Vocación imperecedera


por: Nicolás Soto


Corría la segunda mitad de los años ochenta. Trabé conocimiento en Caracas con el recientemente fallecido profesor Manuel Bermúdez, estudios semiológicos mediante. En cierta ocasión, me solicitó, con talante dicharachero: “Sotico, pásame eso ahí por favor”, desplegando los labios para indicar cierto objeto. No pude dejar de preguntarle, “Profe, ¿de qué parte del llano es usted?” Respondió él con otra interrogante: “¿Por qué me lo preguntas?” “Porque solamente la gente del llano amuñuña la boca así para señalar las cosas”. Me confesó, entonces, su procedencia apureña y me preguntó la mía. “Soy de Valle de La Pascua, Guárico”, revelé. “Caracha, chico, ¿cómo está el padre Chacín?”, me replicó enseguida, corroborando a plenitud la cabal identificación de mi gentilicio con la figura de nuestro sacerdote y educador por excelencia.


Tiempo presente. Lito Silveira, destacado docente y amante de las letras, coetáneo del suscrito, pupilo y albacea del padre Chacín, me informa de los preparativos para solemnizar el primer centenario de su nacimiento. La memoria se desplaza, sin solución de continuidad, hasta los ahora lejanos días cuando inauguramos el colegio Juan Germán Roscio, el “colegio del padre”, al decir de los vallepascuenses de ahora y siempre.


Fue en el año escolar 1961-62. La casa parroquial, frente a la plaza Bolívar, al lado de la ahora catedral, nos acogió. Desde su llegada a Valle de La Pascua, en 1958, corriendo los albores de la hoy desleída democracia, el arcipreste trujillano había luchado por concretar una iniciativa docente con el ánimo de plantar una semilla de calidad y rigor en el ámbito escolar. Nosotros no pasábamos de ser unos bisoños, pero intuíamos (¡empezábamos a vivirlo!) un aire de renovación sacudiendo el orbe en esos siempre tan mentados años sesenta (la década maravillosa, al decir del neurólogo Alejandro Cedeño). La iglesia católica se desperezaba. En el despacho parroquial se destacaba una foto del padre Chacín siendo recibido en Roma por Juan XXIII, el papa bueno, el pontífice del concilio Vaticano II, impactante y medular sínodo destinado a remecer las estructuras, las prácticas y la conexión con el resto de la humanidad de la institución erigida a la sombra de Pedro el apóstol, el pescador de almas. Uno era un carajito, pero no resultaba difícil inferir que el padre Chacín había captado la seña de enarbolar su misión a través de la formación de seres humanos íntegros, productivos, calados de ética y moral. Para hacer entrar la crisis en el seno de la ignorancia. Para desplegar el amor eclesial mediante la enseñanza. O, para esgrimirlo a la manera del historiador inglés Thomas Carlyle: “Sin amor no hay conocimiento”.


Valga una anécdota para ilustrar ese celo docente por los valores trascendentes del prelado nacido en La Ceiba, Trujillo. Cuando la muchachada inquieta de la cual formábamos parte salía a recreo, invadíamos el reducido patio de tierra de la casa parroquial con nuestras metras y nuestros gritos: “¡Barajo pichigüeca! ¡Barajo tornique! ¡Todo ahí! ¡Boto tierrita y no juego más!” No sé de dónde salió un par de perros realengos, de esos llamados en el llano rabo’e jilo, objeto de caricias rústicas y de alguno que otro tormento por parte nuestra. El padre Chacín nos enseñó a respetar el derecho de los animales a no sufrir e inmediatamente bautizó al par como Rinconete y Cortadillo. ¿De dónde provinieron tales remoquetes? El padre satisfizo mi curiosidad señalando, en una incipiente biblioteca colegial, un desgastado tomo de las Novelas ejemplares de un tal Miguel de Cervantes y Saavedra. Ahí tuvimos nuestro primer contacto con la picaresca española y con el inmortal autor de Don Quijote. A Dios rogando…


Me regreso a los años ochenta caraqueños. En una conversación con Adriano González León, alguien saca a relucir mi gentilicio. El autor de País Portátil, valerano él, paisano del presbítero él, me señala: “Allá en tu Valle de La Pascua natal vive desde hace unos cuantos años mi coterráneo, el padre Chacín, diseminando cultura y saber, como un abnegado héroe del espíritu”.

Feliz cumpleaños número cien, padre.





sábado, 26 de diciembre de 2009

Esos dineros son nuestros, ¿o no?


La amenaza de los fondos oficiales


VenePirámides


La concentración de depósitos del Estado constituye un talón de Aquiles para los bancos venezolanos, lo que quedó demostrado con las recientes intervenciones, de acuerdo a un interesante artículo de Alberto Cova, publicado en el suplemento "Estrategia" de El Nacional (por suscripción)


Captar depósitos del público y utilizarlos para entregar créditos, también al público, es la función primordial de la banca, es el llamado proceso de intermediación que en una economía sana constituye la principal fuente de financiamiento para las actividades productivas. Trabajar con el dinero de los demás es un privilegio que tienen las instituciones financieras, las cuales, en teoría, logran sus beneficios de la diferencia que existe entre el interés que cobran a los receptores de crédito y el que pagan a los depositantes. Por eso, en cualquier banco la preocupación dominante es atraer a sus bóvedas el dinero que las empresas y los particulares no pueden guardar debajo del colchón.


Esta avidez de las empresas financieras por hacerse de recursos para el trabajo cotidiano ha sido aprovechada históricamente por "gestores" que han convertido la tramitación de los depósitos bancarios en un gran negocio, sobre todo cuando se trata de fondos provenientes de instituciones oficiales, que disponen de recursos a lo largo de todo el año para la ejecución de sus presupuestos. En la reciente crisis del sistema financiero venezolana, que condujo a la intervención de ocho pequeños bancos en un período de cuatro semanas, tuvo un peso importante la proporción de fondos oficiales en estas instituciones, que en algunos casos superaba 60% del total de depósitos. Era tal la dependencia de los dineros públicos en estos bancos que técnicamente podrían haber sido considerados como entes paraestatales, creados con el único fin de negociar y obtener beneficios de las colocaciones oficiales. "Una guerra de cuatro mafias", que se disputan el negocio de los fondos estatales, es lo que, a juicio del diputado Ismael García, provocó la intervención del Ejecutivo, mientas que el ex parlamentario Julio Montoya desenreda hasta Miraflores la madeja de implicaciones del caso.


Depósitos sin intereses


El economista Rodrigo Cabezas, ex ministro de Finanzas del actual Gobierno, adelanta una propuesta heterodoxa para acabar con los manejos irregulares de los depósitos oficiales. Cree que la banca privada debe prescindir del todo de estos fondos y dedicarse a atraer los dineros de las familias y las empresas. "Lo ideal es que la banca privada no tenga depósitos públicos y que se dedique a hacer intermediación, a captar los depósitos de los venezolanos antes que disputarse los recursos del Estado", sostiene el también dirigente nacional del PSUV. Cabezas considera que los recursos públicos deben colocarse en la banca pública, a excepción de aquellos destinados a financiar el gasto ordinario, como es el caso de las nóminas o el situado constitucional. "Creo que no deberían generar intereses, pues es tal la magnitud de estos recursos que agregan dinero inorgánico a la economía", afirma. Agrega que al interior del Gobierno se ha reiterado la instrucción de colocar estos fondos en los bancos del Estado, orden que encuentra resistencia en las tesorerías de los organismos. "Había una razón para no hacerlo, de tipo técnica y de eficacia administrativa, y es que la banca pública no tenía una red de agencias que cubriera todo el territorio nacional para dar atención eficaz al pago de las nóminas. Con el Banco de Venezuela y el Bicentenario esa razón comienza a ser superada". La eficacia administrativa es un planteamiento legítimo, pero muchas veces encubre la intención dolosa de obtener provecho con las colocaciones. "Además del tema de la negociación de puntos, está la generación de recursos inorgánicos a la que se ve obligada la banca privada para honrar los intereses", apunta el economista. Rodrigo Cabezas propone retomar la idea original que llevó a la creación del Banco del Tesoro, la existencia de un gran centro operador de los dineros públicos.


Para el ex ministro de Finanzas, de la situación generada en estos ocho bancos se desprenden varias enseñanzas. La primera es que, a su juicio, se reafirma el papel supervisor del Estado. "Por vía legislativa o a través de resoluciones de la Sudeban se van a ampliar y profundizar la competencias del Estado en áreas como inteligencia financiera, auditoría financiera y en los manejos diarios de tesorería en la banca pública y privada".


El vuelo del cometa


Francisco Faraco, consultor financiero, coloca el origen del problema en el año 2003, cuando comenzó a crecer el endeudamiento interno por parte del Estado. "Desde entonces ha habido un elevadísimo nivel de fondos públicos en la banca. En la Cuarta República el total de fondos oficiales manejados por la banca no superaba 3%, en la Quinta ha llegado a 18%, existe un enorme tráfico de influencias. Se ha llegado al extremo de que la República apalanca la compra de títulos públicos. El Gobierno se endeuda a tasa activa para dejarle la tasa pasiva a la banca", advierte. Faraco no tiene dudas de que en los bancos intervenidos había una hiperconcentración de fondos públicos, tanto en función de los pasivos como del patrimonio. El analista explica cómo funciona el negocio de las colocaciones estatales. El modus operandi, dice, es que el tesorero que dispone de fondos manda a un emisario, conocido como el cometa, quien "subasta" el depósito entre sus contactos dentro de los bancos. Las propuestas vienen en forma de puntos y aquel que haga el mejor ofrecimiento recibe el depósito, previo pago de las comisiones. "Cuando depositas en bancos malos, en los taburetes, te pagan tasas altísimas. El cometa es un simple mandadero", afirma. Agrega que este negocio es muy fácil de descubrir, basta con comparar la tasa a la que se ha pactado el depósito con la del mercado mediante una simple auditoría. Es por ello que el tráfico de depósitos ocurre muy rara vez con fondos privados, pues en estos casos el daño patrimonial quedará en evidencia. Francisco Faraco recuerda que el Banco del Tesoro se creó para que distribuyera los recursos estatales de un modo más profesional: "Pero no ha sido así, ha dado préstamos hasta para el consumo, ofrece tarjetas de crédito, maneja fideicomisos, se ha convertido en un banco más y nadie respetó el papel centralizador que le fue atribuido". De acuerdo con el economista, las prácticas actuales afectaron profundamente el manejo de la hacienda pública. "Se implantaron esquemas informales, el primero de ellos es el Fondo para el Desarrollo Nacional. Nadie sabe qué pasa con los reales del Fonden, de los 53.000 millones de dólares que fueron guardados allí, no existe información acerca de cuánto queda, no presentan cuentas", sostiene. En cuanto a las consecuencias que tendrá la mayor presencia estatal en el mercado financiero venezolano, Francisco Faraco opina que será poco el efecto, pues considera que la mayoría de los clientes preferirá a los bancos privados, debido a la mala reputación del Estado como banquero. "El Banco Industrial de Venezuela se fundó en el año 1927, Banfoandes en 1959, ambos tienen dificultades. Vamos a ver cuánta cuota de mercado le queda al Estado a final de año. Cuando compraron el Banco de Venezuela llegaron a 11 puntos de cuota de mercado, apuesto a que pierden 2 puntos. Esta gente como llega se va, para todo es así", asegura el economista. Interrogado sobre la posibilidad de que la actual crisis se extienda a otras instituciones, Francisco Faraco responde que no, pues restringe el problema a un grupo de bancos "muy enchufados" al Gobierno que tenían problemas estructurales desde hace tiempo. Si embargo, advierte que existen fallas de otra naturaleza, pues la estructura del mercado conduce a la debilidad a un numeroso grupo de bancos que tienen cuota de mercado reducida, por lo que les cuesta obtener beneficios.



Post Scriptum
: Sin menoscabo de estar o no de acuerdo con la perspectiva que nos brindan tanto el "diputado" Cabezas como el economista Faraco, uno no puede sustraerse de pensar en las causas últimas y definitivas del origen de esta nueva crisis bancaria, a saber, el estatismo desaforado, hipertrofiado y obtuso, llevado a límites hipergalácticos por la actual dictadura.

El estado venezolano, rentista petrolero non plus ultra, en el paroxismo de su hartazgo de fondos no generados por la producción y la productividad, crece hasta más no poder (se calcula en más de tres millones de empleados públicos entre nóminas reales, paralelas y clandestinas). De allí, entones, que se dedique a acrecentar su presencia como banquero (rol en el cual siempre ha desempeñado un papel lamentable) y, de acuerdo a la inexistencia de parámetros éticos y morales en la catadura del dictador y sus secuaces, surjan, por consiguiente, los negociados boliburgueses con su estela de pus (como el partido oficial) y podredumbre.

¿No habría sido preferible, entonces, que el grueso de esas ingentes sumas hubiera sido entregado directamente a todos y cada uno de los venezolanos? ¿Quién las habría administrado mejor, nosotros o papá estado, dictador mediante?

Saquemos una cuenta simple. Pongamos, por caso, que el autócrata haya regalado, durante estos once años, cien millardos de dólares (que son más, apuesto) a Fidel y a las otras sanguijuelas. Añadamos a esta ecuación que seamos veinte millones de venezolanos (somos menos), mayores de dieciocho años, con uso pleno de nuestros derechos civiles, etc. Dividamos cien millardos de "verdes" (greenbacks) entre veinte millones de ciudadanos y, ¡presto!, nos da cinco mil dólares por cabeza. Cinco mil bucks que a cambio real son casi treinta mil bolívares fuertes (treinta millones de los viejos), ¡treinta palos!, para cada uno. ¿Qué hubiera hecho usted con esos treinta palos? Repetimos la pregunta: ¿no habría sido mejor entregárselos a todos y cada uno de los venezolanos en vez de regalárselos a las garrapatas? ¿Quién los habría administrado mejor: usted o el estado, sátrapa mediante?

En eso consiste el estatismo. Es la confiscación, el robo de lo que es suyo y mío, amigo lector, por parte de una superestructura (para utilizar la jerga marxista), en este caso el estado, encarnada en la figura de un mandamás (l'État c'est moi) ignorante y corrompido, porque, ¿no y-que el petróleo es nuestro?

Saquen esos reales de esos bancos quebrados y entréguennoslos... ¡ya!




lunes, 19 de octubre de 2009

Ajetreo y duelo

Advocación para un luto

A Rómulo Rondón, In Memoriam



Los incontables cuervos de Van Gogh
se recluyeron en la lanolina del sueño.
La voz de mi hermano desglosó
la noticia en pliegues ortopédicos:
elegiste zarpar, tasajeando
los rombos depresivos,
eludiendo la caoba
mendicante de la senectud
que asoma sus fauces
tras los escaparates y la presbicia.



No acabarás por ver, labrado condiscípulo,
el atraco de la dictadura ayuna de prosodias,
la gangrena polarizada,
el sarcoma y el pus
que todo lo entumece,
que envanece al ignaro,
que te despreció por causa
del brío de tu intelecto.

Ciencia fuiste y en ciencia te convertirás,
denuedo de universos, multiversos y teoremas,
cultor taxativo del discernimiento,
apotegma campeador,
láser benévolo de la creación,
conciencia disertada,
compañero, amigo, hermano:
que los vectores teológicos te acojan.
Allá nos reencontraremos
y reanudaremos las homilías
(¿de aquel lado de los quarks?)
porque, como dijo Carl Sagan,
menester no es creer,
menester es saber.

Pava recontra ultra ciriaca


Truenos y centellas en un cielo oscurecido es lo que irradia la tarde del sábado caraqueño en que comienzo a escribir este artículo. Me inspiró la lectura de la columna de Wendell Robinson, en el diario Detroit Free Press, sobre un grave mal que afecta al béisbol. Lo denominó "A real ballsy Jinx " (algo así como una pava ultra recontra ciriaca en buen slang gringo).




En entrevista con Scott Boras, agente del jardinero de los Detroit Tigers Magglio Ordóñez, refiere Mr. Robinson haberle escuchado decir que, después de inenarrables sesiones con especialistas en ciencias ocultas y sobrenaturales, llegaron a la conclusión que la causa del slump (bajón ofensivo) fue la amistad de Magglio con alguien a quien no se atrevió a identificar. An awesome evil eye magnet!





Parece ser que el grandeliga, no conforme con todo el dinero que gana en el norte, se dedicó con su familia a realizar negocitos con cierta dictadura tercer mundista que lo llevaron a proclamar Urbi et Orbi: “Sí, soy chavetón, ¿y qué?” El innombrable hasta lo abrazó, lo jamaquió y le deseó la mejor de las suertes. ¡Ay, papá! Ahí mismito comenzaron sus desgracias y casi pierde los 18 millones de dólares del año próximo, según su contrato. Inclusive, a mitad de temporada, en medio de la sequía de batazos, se comentó insistentemente la posibilidad de su despido inminente del roster del equipo de la ciudad de los motores (Motor Town).

Complementaré a Mr. Robinson con una relación de personajes que demuestran la maldición criolla. Ozzie Guillén, desde que se autoproclamó simpatizante del mabitoso dictador no vio luz hasta que se retractó y confesó su horror.

Johan Santana visitó el palacio presidencial y comenzó a experimentar derrota tras derrota. Cuando lanzaba duro y curvero, el equipo de los Mets de Nueva York se hundía con los errores y la falta de bateo. Hoy su carrera pende de un hilo al someter su brazo a una delicada intervención quirúrgica. Esperamos que, por su bien, le haga la recontra al pavoso mandamás.



Qué no decir de Sammy Sosa.

Le regaló su bate al tipo aquél y se apagó definitivamente. El dominicano no deja de lamentar su desgracia cuando narra cómo se le partió el otro bate y le descubrieron el ilegal relleno de corcho. Afirma que ese señor tiene "artes haitianas" (vudú) y que no quiere verlo nunca más. Para deslastrarse de esta carga de mal agüero, debería llamar el gran Sammy a Óscar Azócar quien, según relata el cubano José Canseco en su libro, redondeaba sus emolumentos de big leaguer ensalmándole los bates a los toleteros que caían en improductividad ofensiva. Con tabaco, ron, altar y toda la parafernalia. Pero, a lo mejor, la pava del innombrable es tan abrumadora que ni con eso. Como dice Omar Lares, se cansa uno…
Los Navegantes del Magallanes nunca más se han titulado campeones desde que el personaje se proclamó fanático número uno del equipo. A la potranca escarlata de los filibusteros, un tal Álvarez, se lo tragó el tremedal de la pava ciriaca. Y se dice que el equipo no tiene vida este año a pesar de que el traicionero general Eructo al fin se esfumó.

¿Y el team que participó en el II Clásico Mundial de béisbol? Después de derrotar a Estados Unidos, Chacumbele los felicitó y le dijo al entonces primer ministro japonés, Taro Aso, en una visita oficial en Tokio: "Ganaremos el próximo Clásico Mundial". ¿Quiénes sacaron a los venezolanos de la competencia? Los nipones.

Pero la realidad es que el poder del mal se expande a otras disciplinas. Hasta al equipo de balompié le salió una cadena de derrotas aun cuando, menester es reconocerlo, el soccer de por sí es ultra recontra mabitosísimo. ¡Guíllate!

A quienes apoya, les cae la desgracia. Díganlo ahí los muchachos del baloncesto. La tenista Milagros Sequera se lesionó y la sacaron del terreno de juego en silla de ruedas. Bastó una referencia en el show de los domingos para que el boxeador Héctor Manzanilla cayera ante un peleador de las islas Mauricio con foja de 27 derrotas en su haber.

¿Y la política? El bicho se gasta un cementerio particular. La Kirchner gozaba de la máxima popularidad hasta el maletinazo. ¡La jettattura, pibe!

A Zelaya lo cubrió con un manto de pava rebelde. A la Piedad Córdoba y al bandolero Marulanda, ni hablar. Con el que no ha podido es con Lula porque el carioca tiene el apoyo de Iemanjá, más siete ensalmes de macumba, con fumada de maconha incluida. Pero creo que, a la larga, ni esto logrará salvar al taimado brasileño del halo mabitoso que emana del héroe de La Planicie. Y bien merecido lo tendrá por gozarse los dineros de los venezolanos que el king de la mabita le ha regalado. Lula no tiene la chiva negra. Su hora de mal agüero llegará, tarde o temprano.



Escribir sobre este tema amerita un libro. Al patiquín Fernando Carrillo lo botaron de la novela por meloso y bolsa. ¡Bien hecho, topocho jecho!


Naomi Campbell hasta presa cayó al regresar de su "viaje de negocios". Sean Penn perdió la casa en un incendio y a la mujer de toda su vida. Oliver Stone acaba de sufrir un infarto. ¡Toma tu tomate!


En este punto comenzó a temblar en mi casa y se fue la luz. Fue un sismo de 6,2 en la escala del Ciriaco, coincidiendo con su regreso a nuestra salada patria este mismísimo día. Mejor dejo de invocarlo porque de que empava, empava. ¿Será que el diablo escogió como residencia a Venezuela. Zape gato, ñaragato.

¿Qué diría el excelso mabitólogo Aquiles Nazca si estuviera vivo? Ahí queda eso…


miércoles, 14 de octubre de 2009

Música para araguaneyes sicodélicos

Espejuelos para una viola d’amore
A Vitas Brenner

En este caso, la bitácora templaria desmaleza magnificencias
si bien la armonía,
aun peregrinando desde la luz (nobleza cabizbaja),
nos sustrae de los vértices
del minué y del jazz barroco (cabildo plus sonoridad)
cuajándose en vanas autorías.
Tus ojos, catira, no ameritan espejuelos,
las bucólicas constelaciones retornan a ellos.




Aunque la tarde purifica lo medieval,
la ritualidad inscribe el vocablo d’amore
con trinidades rocosas, roquíferas, acuíferas, roqueras:
la transmisión de lo sagrado en plenitud,
ensayo de sombras y cuadriles
al socaire y al descampado;
sextetos de cuerdas y amparos,
ráfaga de bombos, redoblantes, high hats
y una guarura en mayúsculas;
semifusas periféricas, dados y ruletas.
Tu canción comparte una escudilla con el Mars Volta.





Tras el recodo de los guarismos en mi bemol
nos margullimos en la pileta autóctona.
Quise, tercamente, desperezar el tramoleo
de un pajarillo y vuela si quieres volar.
Barrunté, atestígualo catira, el norte declarativo
del seis perriao, por derecho trapiao, vergajiao y cueriao.
El Indio Figueredo como plasma de Stratocaster.
Mi difunto padre hubiera exclamado:
“¿Qué pillíos son esos, carajo?”,

y después reíamos juntos.
¡Qué buena vaina, catira!



M.S.L.

Los años mozos
De izq. a der., Manuel Santaella Ledezma, el “renco” Ángel Custodio Loyola, “Bachaco” Ledezma, Rafael Santaella Isaac y dos personas no identificadas

Arriba, de izq. a der., Manuel Segundo, Romelia y Dámaso. Abajo, doña América y don Manuel
Casóse con doña América en 1928


Orfebre del agua

Manuel Santaella Ledezma

El hombre siempre ha forjado el dominio de sus sueños con la hidrografía de sus manos. La doma de los obstáculos impuestos por una madre naturaleza a ratos esquiva, a ratos hostil, pero siempre bella, inquietante y maravillosa, se transcribe en el trazo del ingenio y en el verbo mecánico del artilugio. Mas henos aquí con un artífice surgido en ambientes desabastecidos de amabilidad ante el logro concreto y, enseguida, brota la conjetura profana: si acaso a don Manuel Santaella Ledezma se le hubiera ocurrido nacer en el Norte puritano y anglosajón, pongamos por caso, habría sido émulo de Thomas Alva Edison o de Nikola Tesla. Válgame Dios.
Pero fue Chaguaramas, antiguo cantón guariqueño, quien le bosquejó la primera luz de la vida, en el mismísimo año de 1908 que vio partir a Cipriano Castro rumbo a Alemania aquejado del riñón y a su compadre Juan Vicente Gómez, ni corto ni perezoso, serrucharle el coroto. Huérfano de padre al poco tiempo, el pequeño Manuel José quedó a cargo de un tío pudiente. Descubiertas sus ingentes habilidades con los engranajes y las herramientas, expresó decididamente su ambición de estudiar ingeniería mecánica. El vozarrón del ignaro pariente le habrá resonado cual reprimenda de subdesarrollos y tercermundismos: "No, mijito, usted sirve es pa’ becerrero y no invente pendejadas".
El autodidacta Manuel Santaella no se arredró, aun con apenas el cuarto grado de primaria. Su inteligencia natural elucidaba el funcionamiento de los mecanismos y, bien pronto, sus servicios comenzaron a ser requeridos por doquier. Las máquinas no le guardaban secretos. Y cuando le tocó escudriñarse el corazón, encontró a la compañera de toda su vida, América Pérez Peraza, su desposada del año 1928, tiempo de revueltas estudiantiles con la consigna saca la pata lajá, adiós pues Caracas, y mudanza para Valle de La Pascua. Nacerían, de seguidas, Manuel Segundo (1929-2007), Dámaso (1930-1957), Romelia (1935) y Carlos (1948).
En 1946, la sed apremiaba por estos pueblos. El recién fundado Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS), hoy con más apelativos y menos lauros, lo llamó a filas. La inventiva de Manuel José Santaella Ledezma se desplegó en la labor de campo, el recorrido de las tuberías, la disposición de la planta de tratamiento e, incluso, la abstrusa función administrativa. El agua llegó, por fin, a La Pascua. Y cuando Luis Adolfo Melo se las agenció para traer la planta eléctrica que arrimó, por fin, a La Pascua hasta predios civilizados, a Manuel Santaella le tocó vigilar, supervisar y tutelar la faena de la máquina vencedora de tinieblas, todas las noches de 6 a 9. Ni siquiera La Sayona o El Espanto del Troncón asomaban sus espectrales esencias ante la paliza de la electricidad. Y cero apagones.
Fue, además, síndico del entonces Distrito Infante en el lapso 1950-52, bajo la gestión, como presidente del Concejo Municipal, de Rafael Ángel Moreán. El INOS (algunas gentes de aquellos tiempos le cambiaban el artículo determinado por “La INOS”) se lo llevó a San Felipe, Yaracuy. De allá retornó en 1958, al acaecer la muerte de su hijo Dámaso. Luego pasó al MOP (Ministerio de Obras Públicas), donde lo alcanzó la jubilación. Pero, hasta el último día, su agudeza mecánica le allanó veredas. Durante la sequía de 1973, se le ubicaba en todos nuestros montarascales instalando, reparando y ajustando molinos. Junto a Julio Pérez, era el artífice en el combate contra la sed, gracias a habilidades adquiridas en otra sequía previa, la de 1936.
Muchos de nosotros, hoy cincuentones, lo conocimos prodigándole primores a “Tarzán”, un Ford modelo T, o Ford de tablitas, del año 1928, objeto de sus cuidados constantes. Varias décadas habían transcurrido y “Tarzán” seguía rodando, como si el tiempo no significara mella en su esqueleto acerado, como en los viejos días cuando don Manuel se aventuró conduciéndolo hasta Parmana, siguiendo las viejas trochas ignorantes de cartografías instituidas, sorteando las troneras y los baches con la agilidad del hombre mono. De ahí el cariñoso mote. A la muerte de don Manuel, en 1984, sus herederos le vendieron “Tarzán” a un negociante.
Manuel Santaella Ledezma, partero del agua, tesorero de la luz, guardián de los mecanismos, baluarte del reloj de sol, becerrero de las mecánicas concisas, llanero de los artefactos, pródigo en honestidad. Hace mucha falta gente como usted.