domingo, 4 de noviembre de 2012

Arévalo: entre hienas y medrosos




Rabadillas a ciegas
Emilio Arévalo Quijote (XIII)

El pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho.
Jorge Luis Borges, La espera


Sanguazas

Emilio Arévalo Cedeño, hostigado por las fuerzas gomeras al mando del coronel Julián Carreño España, optó por sortear Santa María de Ipire. A un cuarto de legua del poblado, buscó fortificarse en la quebrada Santa Lucía. Allí aguantó impávidamente la inicial ofensiva arrolladora del enemigo, superior en número.

El lance se definió a la hora justa de romper hostilidades. EAC ordenó una carga cerrada, prevalido de la ventaja de haber ocupado una posición inmejorable que le permitía ocultarse y ametrallar a mansalva a una tropa gobiernera exhausta. En efecto, según J.A. De Armas Chitty en su reláfica Un recuerdo a caballo: “La gente de Carreño traía un galope de muchos kilómetros y, cuando pasaron por Santa María,  apresaron en Las Cuevas a un soldado enfermo que Arévalo dejó allí con instrucciones de decir que iban en fuga. Carreño creyó fácil capturar a Arévalo y ordenó violentar la marcha. Por eso, al enfrentar en El Alto del Jobo a un enemigo al que no veían, un enemigo que disparaba oculto y con éxito, la masa se desconcierta. A Carreño le matan la mula de un tiro y con él caen su asistente y varios soldados”. Se produjo, ipso facto, la estampida de la soldadesca reclutada a la brava por la dictadura. Corrían despavoridos hacia el norte, rumbo a Mata Negra, El Cartán, el río Ipire y Zaraza. Subalternos del comandante oficialista intentaron contener la debacle en Mata Negra, pero su tentativa resultaba suicida. “Eran ciento ochenta hombres en fuga”, así nos lo describe De Armas Chitty.

Emilio Arévalo Cedeño, llanero zamarro al fin, creyó en un principio que la desbandada era una estratagema, un peine, para inducirlo a abandonar su posición, sorprenderlo y batirlo en descampado. Despachó una avanzadilla y aguardó prudentemente. Los emisarios retornaron corroborando la debacle gobiernera a lo largo y ancho del Banco de La Araña.

Alientos

Sin pérdida de tiempo y ansioso por segar la mies de ese triunfo, Arévalo dispone la marcha forzada rumbo a Valle de La Pascua, ávido por retar directamente al procónsul gomecista en Guárico, el general Manuel Sarmiento, presidente del estado gracias a la unción sacrosanta del Bagre de La Mulera.

Veintidós leguas de recorrido sin parar y, por fin, logra reunirse sin dificultades con su esposa y su hijo, ya de siete años, pues la guarnición oficialista le había dejado el campo libre. El rencuentro con los suyos, a quienes no había visto desde la víspera de su primer alzamiento, le tonifica el ánimo. La alegría vivificante no iba a prolongarse mucho. Todavía deberían transcurrir casi tres lustros para que el tirano falleciese de muerte natural, en su lecho maracayero, y ganar, así, la ansiada y definitiva reunificación familiar.

Dos días duró su estadía en el terruño. Comprendiendo que, en ese instante, las hordas de la dictadura lo rehuían, puso proa rápidamente sobre Tucupido y Zaraza, “en busca de otro cuerpo enemigo para destruirlo”.

En este punto de su autobiografía, Arévalo Cedeño reflexiona sobre la cualidad del aval que encontraba al paso de su gesta: “Nadie quería a Gómez, todo el mundo odiaba a Gómez, pero también es verdad que todo el mundo temía a Gómez; (…) aquellos agasajos y voces de aliento no tenían la contribución práctica de que todos los pueblos se movieran contra la tiranía (…) La mayor parte de las veces aquellos agasajos eran tributados por las mujeres y los Curas de los pueblos por donde pasaba (…) Hubo sacerdotes como los de Santa María de Ipire, La Pascua, Tucupido, Aragua de Barcelona, Lezama, Sabaneta de Turén y otros, que sus manifestaciones a favor de la Revolución fueron tan marcadas por su nobleza, que hago justicia al consignarlas aquí”. Vale decir, los hombres de los pueblos osaban despotricar en privado contra el régimen asfixiante de Juan Vicente Gómez, pero al acercarse la hora de hacer efectivas la acción y la contribución con la lucha democrática, se volvían puro balbuceo y excusas. Algunos, incluso, fingían simpatizar con la causa libertaria y pretendían ser disidentes, para luego caer genuflexos ante el bienamado caudillo y convertirse hasta en delatores de la dictadura, justificando sus desmanes (“El jefe de la Causa no hace trampa ni comete fraude. Volemos a reconocerle sus triunfos”). Como decía la guaracha que ya sonaba por esos años: ¡Buchipluma na’má!

EAC se vigorizó con un recibimiento triunfal y, a la vez, paradójico en Zaraza: “Distinguidas damas de aquella población arrojaban flores a nuestro paso (…) mientras los hombres, los jóvenes, esperanzas de la Patria, permanecían viviendo la tristeza del esclavo, y no venían a engrosar nuestras filas, como se los imponía el deber; prefiriendo vengarse de Gómez, maldiciéndolo muy en silencio en sus tertulias domésticas, y repitiendo los cuentos inventados para ridiculizar a Gómez, como la más alta nota de agudeza e ingenio, sin darse cuenta que aquellas ridículas anécdotas eran el grito de impotencia de un pueblo que no quiso ser masculino, para adorar a la Bestia con delirio y con locura”. Ah, el miedo es libre y, además, carroña de las tiranías.

Pero, eterno sino en la epopeya arevalera, no había tiempo para regodearse en el desaliento de los emasculados. Nuevas fuerzas enemigas, reagrupadas y acicateadas por una jugosa recompensa nutrida desde la inagotable botija de Juan Vicente Gómez, dueño absoluto de Venezuela, se aproximaban. Emilio Arévalo Cedeño debía hincarle los ijares a su montura para no caer víctima de una nueva celada. Ojo avizor, seguía siendo la consigna.

Gómez, el amo del poder se negaba a apearse de la gurupera
@nicolayiyo

miércoles, 10 de octubre de 2012

J'ai le cafard





Tengo la cucaracha
a Maritza Ron y Franklin Brito

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El estado de ánimo post 7oct de la inmensa mayoría de los venezolanos —y lo recalco, de la inmensa mayoría de los venezolanos— me hizo recordar una expresión típica del argot francés: J’ai le cafard, que traducida libremente significa “tengo la cucaracha”, pero que en su acepción literal debe entenderse como “estoy deprimido”.

¿Por qué amanecimos el lunes 8 con la cucaracha? Privaba la sensación de que el triunfo estaba a la vuelta de la esquina. Los hechos así lo confirmaban. Las movilizaciones masivas, la temperatura de la opinión pública en la calle a todos los niveles y la espontaneidad con que se daban los pronunciamientos solidarios hacia la candidatura unitaria lo proclamaban a los cuatro vientos. Pero, así como desde la dictadura nos han vendido la especie de que la explosión delincuencial es más una impresión subjetiva producto de la manipulación mediática, ¿podría por consiguiente inferirse que ese ánimo de victoria era artificioso y carente de basamento con la realidad real y la verdad verdadera?

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¿Ganábamos no ganábamos, entonces? La tiranía se desbocó a contaminar esa legítima apetencia de la inmensa mayoría de los venezolanos por recobrar nuestra democracia con la consabida intoxicación de encuestas. Los sondeos demoscópicos, lo hemos machacado en muchas ocasiones, son un reflejo fiel del estado de la opinión pública, en un momento determinado, si y solo si se efectúan con la metodología y técnica adecuadas y, punto álgido e imprescindible, si y solo si los entrevistados se sinceran sin cortapisas ni miedos, cosa que únicamente se puede lograr en democracia, en democracia, en democracia. Las encuestas en régimen autocrático valen medio de caca. Pure shit!

A ello súmenle el hecho ya inocultable de que la casi totalidad de las encuestadoras están penetradas por la dictadura y muchas de ellas se hallan bajo control directo de conspicuos boliburgueses. Ya resulta un secreto a voces, por ejemplo, que la representada por el pichacoso flacuchento espinilludo de la voz aflautada fue adquirida, hace ya algún tiempo, por un “empresario” oficialista a quien apodan el rey de los contratos eléctricos, ex testaferro de un corrompido gobernador de un estado oriental (ahora quiere volar con sus propios alerones de gallináceo rancio). En su morreño pueblo natal, el único oficio que le conocían era el de aprendiz de minitequero al comienzo de la presente desvergüenza. Hoy en día lo sacuden por las taloneras y le vuelan los fajos de dólares, gracias a mi comandante verrugón, el octavo hombre más rico del mundo. ¡Albricias!

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La otra vertiente generadora de aprensión en el ánimo de la inmensa mayoría de los venezolanos era la posibilidad de fraude. Numerosas voces autorizadas han venido advirtiendo, desde 1999 hasta  acá, sobre esa contingencia. Ya en los procesos referendarios de ese año para aprobar la chambonada constitucional de la dictadura se percibieron irregularidades sugiriendo la incubación del monstruo timador visible hoy. En los ilegales comicios del año 2000, esas artimañas fueron aun más notorias, lográndose despojar de un triunfo claro a varios gobernadores y alcaldes democráticos. Pero nadie osaba increpar todavía al gorila. Su ilusoria popularidad, vaya espejismo, abrumaba.

Vinieron los sucesos del 2002. Concentraciones gigantescas de gentes de todas las proveniencias atiborraron las calles. El 11abr, pistoleros bajo el mando directo del idiamindadá vernáculo masacraron a la ciudadanía. Los militares le exigieron la renuncia al moquilloso pícaro. Como hubo un vacío de poder, comisionaron al líder empresarial más notorio para que asumiera un interinato, bajo el compromiso de convocar a elecciones y redactar una constitución nueva en sustitución del bodrio leguleyérico confeccionado a la medida del fidelcastrico nuestro. Al día siguiente, esos mismos milicos comenzaron a intrigar entre ellos por ambiciones rastreras y perpetraron el golpe de estado del 13abr, no encontrando estos genios culecos solución más original que la de reintegrarle el trono al lloricoso dictadorzuelo. Ríos de tinta y horas incontables de verborrea se han gastado para explicar estos hechos pero, a falta de una comisión de la verdad irrefutable, el cuento es, grosso modo, como vienen de leerlo.

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Arribamos, de seguidas, al 15ag2004, al celebérrimo referendo revocatorio. Hagan memoria, amigos y amigas. El espíritu que arropaba todos los rincones de nuestra patria era semejante al de los días previos al 7oct. Íbamos a sacar por la vía legal y pacífica al comunistón verrugón. Nos apersonamos masivamente a los centros de votación, sufrimos retrasos interminables, pero sufragamos. La victoria se presagiaba contundente.

En la madrugada llegó el baldazo de agua fría. El saddam hussein criollo celebraba a cohetazo limpio desde “el balcón del pueblo”. La sospecha de camunina se incoaba por doquier. Los mismos fariseos del sanedrín oficialista no daban crédito a lo que veían. Horas antes, sus caras entristecidas por el descalabro habían expuesto a ojos vista la derrota por la calle del medio. Pero, por arte de birlibirloque, la corrupción del autócrata había volteado la tortilla.

Los adalides oposicionistos aparecieron ante las cámaras harto desarticulados y asustadizos. Sabían lo que había acontecido pero el pánico los dominaba. A los pocos días, un equipo multidisciplinario conformado por el jurista Tulio Álvarez, el ex rector Freddy Malpica de la Universidad Simón Bolívar y los profesores José Domingo Mujica y Jorge Casado, elaboró un acucioso informe donde se demuestra el ultraje a la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos. Pero el liderazgo se chorreó aun más. Comenzaron, de inmediato, a balbucear que eso no había sido así, que las “misiones sociales” habían moldeado una “conexión emocional” entre el tiranuelo y la masa bla-bla-blá. Y, por supuesto, a cada rato salían los encuesteros a reafirmar esa apreciación. Que presenten las pruebas de la estafa, alegaban. Es como cuando uno va en el presente a PTJ —creo que estos comunisticas ahora la mientan la “asamblea nacional”, o algo semejante— a denunciar un atraco, valga el ejemplo, y los pacos te digan a ti, al agraviado, que ubiques a los malandros y recuperes las evidencias de lo que te asaltaron para ellos empezar a proceder. Así está ocurriendo ahora en Venezuela, ¿o no? Digno de Ripley. ¿Habrá algo podrido en Dinamarca?

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Acaecieron, a continuación, el masivo boicot a la elección parlamentaria del 2005 —según la chinchurria constitucional del 99 el congreso ahora es unicameral (cual república bananera) y lo denominan la “chivera nacional”, o algo por el estilo— donde se demostró por todo el cañón la inexistencia de las mentadas mayorías oficialistas, y la elección del 2006, cuando Manuel Rosales inexplicablemente apareció rindiéndose, en una actuación todavía no aclarada lo suficiente. ¿Por qué se autoderrotó tan fácilmente? El general Carlos Julio Peñaloza, quien también ha venido alertando sobre la amenaza de fraude con argumentos más que contundentes, invoca la responsabilidad en este oscuro episodio de un supuesto grupo “La Colina” y, ciertamente, de los inefables encuesteros soplándole en el tímpano al entonces candidato la sugerencia de tirar la toalla, pues “fuimos vencidos en buena lid. No hubo chanchullo”. ¿Quinta columna? ¿Caballito frenao de Troya? ¿Infiltrados de la dictadura? A mí que me registren. No cargo preso amarrao.

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Costó un imperio convencer al electorado de volver a fatigar la senda comicial. Se impuso la tesis de la Unidad y se realizaron las elecciones primarias del 12feb2012. Logramos respirar con entusiasmo una vez más. Yo voté por Diego Arria, pero me sumé sin restricciones a la opción triunfante.

No voy a negar que llegamos a abrigar esperanzas más que fundadas con la campaña realizada. El triunfo se avizoraba palpable en el horizonte. El optimismo rebosaba por doquier. En los taxis, en las busetas, en las paradas, en los comederos populares, prácticamente nadie salía a defender la sinvergüenzura roja rogelia. El hartazgo por los apagones, la delincuencia, la decadencia de la infraestructura, la falta de agua, la inflación y pare usted de contar se hacía más sólido que un ladrillo en la pared.

El domingo 07/10/12 la votación fue masiva. La abstención se vino al suelo. Casi nadie se enchinchorró. Con contadas excepciones, los chavetones brillaron por su ausencia. ¿Dónde andaban las supuestas mayorías del oficialismo adobadas de “conexión emocional” con el amado líder? Usted que me lee lo vivió. Yo lo viví. Entonces, carrizo, ¿qué sucedió?

Nuevamente la sospecha de un fraude masivo, institucionalizado y que en cada ocasión se perfecciona ronda en el ambiente. Y a todas estas, se vuelve a producir el deplorable espectáculo del candidato rindiéndose, de manera patética, desdiciendo de todo lo andado en una campaña electoral que fue aupada de buena fe por la inmensa mayoría de los venezolanos.

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En un sistema democrático normal, donde los participantes no son enemigos sino adversarios y donde se compite caballerosamente y con reglas ecuánimes, el candidato derrotado reconoce con gallardía la victoria de su contendiente. ¿Puede hacerse lo mismo en dictadura? ¿Puede actuarse de la misma forma ante un régimen marrullero asociado al narcotráfico y a los gobiernos forajidos del planeta?

Creemos humildemente que en este caso, las fuerzas democráticas deben competir para vencer por nocaut y, en su defecto, al menor indicio de maraña, entonces el esfuerzo debe volcarse, sin esguinces, en lograr la deslegitimación del régimen, para exponerlo con todas sus verrugas y podredumbre ante la opinión pública nacional e internacional. No hacerlo así equivale a hacerle el juego a la satrapía. Y no estamos aquí para eso.

El joven candidato que tanta admiración despertó en la campaña por su fervoroso empeño echó al albañal su carrera política. Y de resultar cierto que al día siguiente intercambió amabilidades con el tiranuelo, entonces su ingenuidad y su carencia de testosterona por hacerle carantoñas al bellaco le terminarán de cavar su propia tumba en cuanto a aspiraciones futuras se refiere. Ruego estar equivocado.

Muchísimas personas hubieran preferido de él la reiteración del ejemplo de Alejandro Toledo en Perú, durante las elecciones del año 2000 contra la autocracia de Alberto Fujimori. En una situación muy similar a la del 7oct, el entonces candidato opositor inca se negó a cohonestar el fraude masivo que le otorgaba un tercer e ilegítimo mandato al “chino”. Esa misma actitud hizo falta aquí. Ello no significaba llamar a la insurrección, cosa evidentemente impensable pues de este lado no disponemos de armas de guerra, no poseemos cazas a reacción ni fusiles de asalto adquiridos a la mafia rusa, ni mucho menos precisamos del concurso de supuestos “imperialismos” que solamente existen en las alucinadas neuronas del gadafi venezolano. Creer que con el reconocimiento del supuesto triunfo del demagogo se “fortalece la democracia” y se apacigua a la bestia verrugona es, parafraseando a Napoleón Bonaparte al enterarse del asesinato de un contrincante monárquico francés, “más que un crimen, una estupidez”.

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Ahí estriba la causa del cafard, de la cucaracha, de la melancolía de la inmensa mayoría de los venezolanos. ¿Quién influyó en el ánimo del candidato para darse por vencido tan imprudentemente? ¿Cuáles grupos “La Colina”, cuáles encuesteros, cuáles dirigentes blandengues (o vendidos hasta los tuétanos), estuvieron detrás de tan infausta decisión? ¿Será cierto que lo dejaron solo? ¿Será verdad que lo amenazaron de muerte? ¿Será posible que haya caído víctima del síndrome de Estocolmo? ¿Por qué no se rehusó, simple y llanamente, a convalidar tamaño robo a la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos y, si temía por su vida y la de los suyos, por qué no buscó refugio en una embajada de un país democrático? ¿Por qué arrojó por la borda la confianza depositada en él por la inmensa mayoría de los venezolanos? ¿Cómo hacer para que la inmensa mayoría de los venezolanos no continúe en el desánimo y en el desconcierto por causa de este liderazgo tan memo?

Me dicen que muchos de estos dirigentes están apareciendo, en los canales arrodillados ante el régimen, gagueando, cual cotorras dopadas, la monserga de que así se “fortalece la democracia, pues hemos hablado con nuestro presidente, respetando nuestra constitución”. Escucho estas paparruchadas y no puedo dejar de visualizar en mi memoria la imagen del primer ministro británico Neville Chamberlain, descendiendo del avión en agosto de 1939 que lo trajo de Munich (München), enarbolando un papelito donde supuestamente constaba la garantía del amansamiento del fundador del nazismo, el mismo que desataría a los pocos días la segunda conflagración mundial, el mismo que mandó a matar a los ancestros de nuestro rendido candidato en las cámaras de gas. ¿Apaciguamientos a mí? Vayan a apaciguar a sus…

Y, por supuesto, no tardarán en aparecer los opinantes que critican más acerbamente a los oposicionistas radicales, a los radicales libres, como el suscrito, en vez de enfilar sus baterías contra los corruptos comunistoides que están destruyendo nuestra patria.

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Después de la melancolía vienen la rabia y la indignación. Surgirán los reclamos por saber quién es responsable, del lado supuestamente democrático, de tamaño fiasco. Ojalá tan justificada irritación no derive hacia terrenos extremistas, como fue el caso de la Alemania de  la primera posguerra, cuando la frustración producida por un liderazgo democrático incompetente llevó a la ciudadanía a dejarse engatusar por un demagogo criminal llamado Adolf Hitler.

El remedio contra esta impotencia pasa por continuar la lucha. Al parecer, el escenario electoral, con unas condiciones tan tramposas y con el fraude a la vista de todos, queda temporalmente descartado, a menos que se produzca una renovación a fondo de la dirigencia actual por un cuerpo de conductores que asuma plenamente el compromiso de deslegitimar, deslegitimar y deslegitimar al charlatán verrugón y su régimen facineroso.

Asimismo, deberíamos asumir una conducta, tanto a escala individual como colectiva, que nos empuje a resistir, desconocer y desobedecer, de manera pacífica pero sostenida. Comenzando con pequeñas acciones. Por ejemplo, Václav Havel cuenta en su autobiografía que el régimen comunista checo les imponía la normativa a los ocupantes de viviendas de informar a las autoridades si recibían visitas de forasteros. Ellos simplemente, para decirlo en venezolano, se hacían los locos y no informaban nada de nada. Así comienza la desobediencia civil.

Podemos llevar a efecto acciones semejantes con el objetivo de ir minando la supuesta pujanza de la dictadura. Gene Sharp, llamado también el apóstol contemporáneo de la no violencia y la peor pesadilla de las autocracias, nos ofrece en sus libros una detallada hoja de ruta para acometer este tipo de acciones, cuya efectividad acaba de ser medida en la Primavera Árabe.

Por supuesto, necesitamos que nuestros dirigentes se dejen de pavadas, como dicen en Argentina, y asuman el reto, sin dobleces y sin blandenguerías. Si no es así, pues simplemente que no se metan a líderes y  dedíquense a otra cosa.

Fuera cucarachas. Ánimo arriba. Todos los regímenes de fuerza caen, más temprano que tarde.

Reconciliación, sí. Resistencia pacífica y desobediencia civil, sí. Impunidad, no. Cabronería, menos.

Y no cuenten más conmigo para convalidar dictaduras.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Arévalo: entre traiciones y nuevos retos




Voces para las raleas
Emilio Arévalo Quijote (XII)

La sustancia del fuego en el metal, chispas vivas sin contornos.
Ayn Rand, The Fountainhead



Itinerarios

El fiasco de  Periquera, o Guasdualito, decide de una vez por todas a Emilio Arévalo Cedeño: de ahora en adelante, hostigaría a Juan Vicente Gómez tan solo con la compañía de sus más fieles allegados. Pero ni aun así estaría al abrigo de la traición.

Luego de cinco días de marcha forzada llegaría a Elorza, a cuyo resguardo invistió al coronel Roque Puerta, conminándolo a “evitar que el enemigo pase el río Arauca por ninguna parte, pues de lo contrario seremos destruidos”. Ya en el trayecto hacia la población posteriormente célebre por aquello de un-19-de- marzo-para-un-baile-me-invitaron, se le había unido nuevamente el general Alfredo Franco, con quien había perdido todo contacto desde antes de la toma de Atabapo y el consiguiente fusilamiento de Funes. Recordemos la captura previa, sobre aguas orinoqueñas, de un precioso cargamento de balatá remitido por El Terror del Amazonas rumbo a Ciudad Bolívar y el encargo de su venta al susodicho Alfredo Franco para subvencionar las necesidades del cuerpo revolucionario.

Según Franco, el balatá se había perdido (?). Su conducta posterior arrojaría dudas sobre tal aseveración. Arévalo, quizá pecando de ingenuidad, lo acogió de brazos abiertos, pues “lo interesante era que nos armáramos de patriotismo para continuar luchando contra la tiranía”.

Buscando posiciones más seguras, EAC acantonó sus tropas en el hato Santa Elena, a seis leguas de Elorza. Alfredo Franco, en compañía de tres oficiales, solicitó permiso para trasladarse a la citada localidad apureña. Arévalo lo concedió sin ambages. Al día siguiente, luego de un aguacerazo típico del invierno llanero, el doctor Carmelo París expresó su deseo de ir también a Elorza por asuntos personales. Arévalo Cedeño aprovechó para exhortarlo a levantar el ánimo de la guarnición.

Narra EAC en su autobiografía: “Pero la noche de ese día, tuvimos una gran sorpresa. A media noche y con un temporal de agua, rayos y truenos se presentó de regreso el Doctor, para decirnos que sin pérdida de tiempo levantara mi campamento (porque) Alfredo Franco  se había pasado al enemigo de acuerdo con el Coronel Roque Puerta, a quien le había hecho creer que yo me había asilado (en Colombia) con toda la fuerza (…) y que todo había terminado, haciendo que el General Pedro Pérez Delgado también se entregara junto con él al Doctor Febres Cordero”. Franco, incluso, redactó una carta para EAC ofreciéndole garantías, a nombre de Febres Cordero, si declinaba en su accionar antigomecista, a lo que contestó el indoblegable guerrero guariqueño: “Al luchador como yo se le caza como venado alzado en las pampas o como tigre en la montaña, o muriendo luchando contra la tiranía; pero no cayendo de rodillas como los esclavos vencidos, como lo acaban de hacer Ud. y los que con Ud. nos han traicionado”. Buen lema para los saltadores de talanquera tentados por autocracias venales.

Sobre graznidos

A la cabeza de cuatrocientos hombres exhaustos, Arévalo cruzó el Capanaparo y buscó el bajo Meta. Ya en territorio de la hermana república, dio pauta de su proverbial tozudez y se aprestó a emprender su cuarta invasión, la cual califica en su libro de calaverada patriótica.

El 7 agosto 1921, aniversario de la batalla de Boyacá, embarcó con noventa y tres leales en El Porvenir, costa del río Meta. Al llegar a su desembocadura con el Orinoco, prosiguió y entró por Arauquita. Tras tres días de navegación en curiaras y canoas por los aniegos del bajo Apure, reclutando gentes a lo lardo de las riberas del río Arichuna, o Payara, logró alcanzar el vecindario homónimo el día 15. La guarnición gobiernera huyó despavorida. Así lo reseña Elisur Lares Bolívar, cronista de Achaguas: “Al arribar los revolucionarios a Arichuna, todo fue confusión, miedo, carreras, agitación. Unos se escondieron. Otros salieron de sus casas a la calle dando vivas al vencedor de Río Negro, al ejecutor de Funes. Otros como los jóvenes Adolfo Fuentes, Juan Maximiano Echenique, Juan Clemente Garrido, y Martín Delfín González (quienes daban una serenata en la pulpería que poseía el primero de los nombrados) corrieron a esconderse en sus casas, la iglesia u otros sitios que les ofreciera seguridad. Se oían gritos de madres llamando a sus hijos pequeños y niños llorando llamando a sus madres. Como ya se dijo: todo era confusión”.

Arévalo capturó, escondido debajo de un fogón,  al jefe civil de Arichuna, Celso Arnesen, hombre “de acciones ásperas y desapacibles, borrachón, holgazán y amigo de cometer fechorías”. Ganas no le faltaron de pasarlo por las armas, pero fue disuadido por una prima del esbirro, la poetisa Cruz Lina Cedeño de Matiz, poseedora de un verbo amansador.

Dispuso, entonces, el combatiente guariqueño otorgarle un merecido descanso a sus tropas durante unas pocas horas y solicitar caballerosamente el concurso de los arichuneros, en lo que estuviera a su alcance. Ratifica el cronista Elisur Lares que “en ningún momento presionó para que le dieran gruesas sumas de dinero”. EAC y su tropa abandonaron Arichuna esa medianoche con proa a Mangas Coberas.         

Debían sacar tajada del factor sorpresa. Por ello, pasaron con suma rapidez hacia el Guárico, arribando a Cazorla, cuna de su primer alzamiento siete años antes. De allí a Las Tigras, donde dejaron las embarcaciones, luego a pie hasta Faltriquera para encaramarse a lomo de bestia y ganar el río Manapire “que estaba completamente en estado de inundación (en una) empresa tan laboriosa, que teníamos que saltar nadando de árbol en árbol (y así llegar al) Municipio Espino, poniendo en fuga a los enemigos que estaban allí, y corrían, llevando la noticia de que el faccioso Arévalo Cedeño (cursivas de EAC) estaba de nuevo en el centro, desafiando el poder de Gómez”.

Esta blitzkrieg sabanera conllevó, a semejanza de Hernán Cortés en Veracruz, la quema de las naves pues “la inmensidad de la inundación nos cortaba la retirada; en veinte y dos días, desde el bajo Meta hasta Las Tigras, habíamos recorrido embarcados más de quinientas millas”. La única posibilidad de escape, en caso de debacle, pasaba indefectiblemente por aguardar hasta la próxima estación seca, durante el verano llanero.

Una avanzada gomera al mando del coronel Julián Carreño España, se aproximaba. EAC se atrincheró en las cercanías de Santa María de Ipire, en el sureste guariqueño, a casi cien kilómetros de Valle de La Pascua, lugar donde se encontraba en ese momento el presidente (gobernador) del Estado, general Manuel Sarmiento, ya sobre aviso de la incursión del obstinado invasor antigomecista.

La refriega arrancó a las nueve de la mañana. Leamos al historiador José Antonio De Armas Chitty, a la sazón un mozalbete y testigo indirecto de estos hechos, en su texto Un recuerdo a caballo: “Como a las siete (de la noche anterior), todavía con luz (…) vimos el perfil de Carmelo Ilarraza, un catire bachaco (quien relató): —Ustedes como que nada saben. Anoche llegó a Santa María el general Emilio Arévalo Cedeño con quinientos hombres. Dicen que ha ganado más de treinta batallas. Ya el general Márquez, gobiernero, huyó hacia Mapire buscando bestias. Hay comisiones del gobierno (…) quitándole las bestias a todo el mundo, ofrecen pagarlas y es mentira porque el gobierno es maula (…) Esta noche va a tronar el plomo más allá del río porque vienen persiguiendo a Arévalo. Tal vez nos vamos a desayunar con pólvora (…) En la noche espesa, sobre el banco ceñido de lagunazos, Carmelo Ilarraza, carne de sombra, era una sombra con alas”.

Continúa De Armas Chitty: “Cuando regresábamos al hato, oímos un ruido sordo, profundo, como descargas de fusilería (…) Combatían al este de Santa María, en El Alto del Jobo (…) Rufino Cuervo, que había luchado en La Libertadora (nos) dijo: —Los disparos regados son de reclutas, los cerraos de soldado viejo (…) La apreciación de Cuervo era correcta. Las descargas cerradas eran de la tropa de Arévalo Cedeño. Cuervo tenia oído de venado”.

Sobre los tímpanos gruñían balaceras matinales en las sabanas ipireñas. ¿A quién le tocaría regar su sangre esta vez?


José Antonio De Armas Chitty (1908-1995)
@nicolayiyo