Versos mefistofélicos y topológicos
Nicolás Soto
O aprenden, con fervorosa alegría, a tañer el arpa en casa de un coplero que querría insinuarse, con el arpa, en el corazón de las jovencitas, pues ya está fatigado de las viejas y sus encomios.
O aprenden escalofríos de horror en la escuela de un docto chiflado, que aguarda en oscuras habitaciones, a que se le aparezcan los espíritus, ¡mientras el espíritu escapa enteramente de allí!
Friedrich Niestzsche, Also Sprach Zarathustra
A Próspero González, PhD
¿Con quién vemos?
Una curiara remonta el Orinoco en la docta madrugada mientras Parmana y Las Bonitas se despabilan con un sol que augura un vaporón ortogonal para la hora del burro.
Un gavilán primito (pequeño y gran volador) revolotea las geometrías extasiadas de un follaje que añora abarcar el apotegma de la vida.
Un caimán dormido flota en medio de la corriente mientras aguarda renacer su perenne voracidad al conjuro de insólitas bisectrices.
Un pensador cartesiano reflexiona en la orilla de esa inmensa rapsodia fluvial: “¿Qué conjetura se le ocurriría a Goldbach si pudiera comparar esta sonata de topologías desglosándose en rigurosas vidrieras? ¿O, mejor aún, seré yo un Newton veguero a quien le está destinado encajar en la torre la caída de un mango maduro y así lograr el conjuro (que no la conjetura) de una definitiva teoría post cuántica de la gravedad confeccionada en ecuaciones y coplas? ¿Mi delirio sobre el Chimborazo o un enunciado de campos unificados? ¿Mi sermón de la sabana o la hipótesis del todo?”
Sueña, ordeñador de isomorfismos.
Sueño, luego existo.
El brujeador
La magnitud de la naturaleza que se rehúsa a ser doblegada por el antropoceno me aguijonea la esquizofrenia creativa.
Digo esquizofrenia porque sudo literalmente visiones de formas y estructuras que se relacionan e interactúan.
Alucinaciones abstractas que brotan cual espirales de Fibonacci, cual cintas de Möbius, cual tornillos de Arquímedes, cual silencios inertes, cual espacios de vectores, cual flechas biyectivas.
El llano se manifiesta como oleajes perdurables, como logaritmos efímeros.
El llano se esclarece en un algoritmo que resuena arabescos que se metamorfosean a su vez en coplas y en teoremas apócrifos, que surcan las tempestuosas aguas de un Orinoco irrespetuoso de las trigonometrías (Enya, cántame un Orinoco Flow con cadencia euclidiana, will you, please).
El llano nos obsequia unas coordenadas sacralizadas en “n” dimensiones.
El llano se adivina en los poetas devenidos en arciprestes de las formas flexibles.
El llano se vislumbra en la sonrisa (femenina) de una temática (femenina) matemática (femenina) de una geometría (femenina) que tiende a más infinito.
Juan Primito
Gauss se entronca al pie del arpa y entona Pajarillos multidimensionales.
Euler le jala los pelos a la camoruca con una Chipola fractal.
Riemann abanica los capachos y los números primos develan sus ubicaciones.
Ramanujan charrasquea un cuatro que exhala fluxiones newtonianas.
Cantor es un cantor maluco (¿o a lo mejor un Cantor claro?).
Aquí vengo yo, con mi medalla Fields y mi novia algebraica, mi María Laya aritmética, mi vergataria María Lionza polinómica.
¡Adiós, mis cien palomas!, dijo Baldor.
¡Adiós, llanos del oeste!, exclamó el profesor Domingo Rojas Anato.